Qué mejor inicio que este: “yo quiero bailar, quiero sudar, y pegarte a mí, el cuerpo rozar”. En frente mis plantas, en la ventana, las que le dan a este experimento el privilegio de inaugurar su llanto lujurioso, su derrame orgásmico, su auténtica soledad.
Estaba yo un dos de enero del año dos mil diecisiete en mi estudio musical, repasando, a petición de mis roomates, canciones que con tal palabra existieran en mi cancionero. No advertí que la mayoría serían reggaetones o de mujeres despechadas (las que más me gustan cómo me suenan). Carla Morrison, Natalia Lafourcade y -la delicia de- Mon Laferte, por ejemplo son tremendas en eso de encarnar las canciones: las sienten y eso se nota, transmiten, más allá si gustan o no.
Al hacer covers como los de las amigas del párrafo de arriba pareciera que otro saliera de mí. Agudizo mis sentidos para crear un recuerdo que encaje con la sensación hasta lograr personificarla con distintas ayudas: ex amores, aventuras e incongruencias, lo que venga. Sale de mí un ser que experimenta a solas en casa, la voz más natural fluye, más que cuando me piden que cante esas cosas que piden y tocan vagamúsicos del centro de Bogotá (qué hueso) y me rehuso, no sobrevivo por ellas, no obstante, maldita sea me las sé, me las sé y quisiera no recordarlas, no tocar por tocar, generar algo, una sensación, algo que sea buena onda y se impregne en los viajes por Transmilenio. Una alegre transgresión de la tradición nómada de la guerra que transporta a estados que ni siquiera queremos representar.
Sense8 es tan genial por eso y por otras tantísimas cosas; la realidad nuestra no es la única y en el mundo hay tantísimas realidades, efímeras, pero realidades. Qué maravilla conocer y mezclarse, querer ser otro y desconectarse del aquí macabro y fluorescente, que pinta y pronostica para el nuevo año mejores atardeceres, soledades más cómplices, placenteras, espontáneas.
Cervezas no han faltado y las rosas protagonizan las mañanas, tardes y prenoches con sus rojos, zapotes, ocres, amarillos tornasolados y blancos alucinantes en cada extremo de nuestro jardín. “Le digo hola y ella me dice good bye”. ¿Cómo me concentro? Tengo los mismos problemas de la adolescencia: me distraigo. Quiero escribir pero suena esto y muevo los hombros, las piernas y me pongo a imaginar: diablos, no hay retorno. Cuatro latas delante de mí y tres detrás. Me corrige la gramática Word, le agradezco y me echo un plon. “si yo le salgo por la izquierda se va pa’ la derecha”. Qué locura.
El caso es que quería decir que uno tiene suerte. Sí. Suerte de comenzar la mañana bañado, perfumado y con una pinta de papito rico, subir al altillo que usas como estudio musical, tomar todas las cervezas que quieras, fumar yerbas varias, untar de cosas varias las letras y así hasta la tarde, con el sol tan rico de esta temporada del año.
Y mientras estoy tocando "Alagoas" de Djavan me quedo viendo a la ventana. Es pequeña pero suficiente para transportarme a las playas del nordeste brasilero.
Aviador
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