Mañas mañas y mañas. Que no puedo pensar con este pelo así, que no me gusta ese copete pa ningún lado, que qué mamera todo el proceso mientras crece, que solo unos días se ve lindo, por qué se ve tan genial recién levantado, por qué por qué por qué por qué pereza este greñero, son las ocho de la noche y no me importa que mi peluquero esté mamado, no soporto ni un instante más este pelo, escribiré a ver si me atienden, no responden, me pongo la chaqueta, bajo los cinco pisos porque aún arreglan el ascensor, llego al centro comercial y ahí está Yoryi, mi peluquero. Muy apuesto, pa qué, pero nunca entiendo lo que me dice, es veneco, pero no sé de qué parte, habla muy enredado, la mayoría de cosas que le digo son cosas que imagino, que asocio, que espero sean lo que me está diciendo, qué oso decirle literalmente con cada frase: ¿qué? ¿me repites? ¿qué onda? Llevo dos años yendo al mismo sitio, pensé que sería como en Brasil que a las dos semanas ya entendía lo necesario: maconha, tranzar, gostosura, y así, pero qué va, casi me toca con señas decirle cómo quiero el corte. Y siempre acierta.
En este espacio flotan fusiones arítmicas de reggaetón acústico, poesía bailable y sonidos improvisados que solo capturan partículas de experimentos músico-literarios de Aviador y sus amigos imaginarios.
jueves, 23 de mayo de 2019
miércoles 22 de mayo
Pese a que tengo mil cosas que hacer, no quiero hacer nada. Veo el sol y el cielo brillante y tengo tantas cosas que hacer que se me enfrían las manos, tanto que escribir que las yemas se contradicen: saltar en las teclas, gruñir por las cuerdas, mil tareas y no quiero hacer nada, veo el sol y más me deprime, quiero tomarlo, quiero inyectarme sus rayos y acabar el frío infinito de este ejercicio escritor, manos frías, no encuentro los guantes que me dio Tatiana y sé que están aquí, en este cuarto, en estos cajones, en estas letras, riéndose de mi friolenta torpeza, de mi falta de observación, tomo una siesta, pretendo con esto saciar mi pereza existencial para ya ponerme a escribir por fin. Duermo, poco, pero está todo bien en mi cama. Entra un mensaje de Yaritza y vamos al sol, empieza la vida a las cuatro de la tarde con unas cervezas en el vecindario. Qué fortuna las amistades que te sacan del palacio del enchonche.
lunes, 29 de abril de 2019
Hiper tatarea
Veoun post en Facebooksobre cómo quiero que sea Colombia en el futuro y escriben “sin Uribe” y políticamente siento que sí debería ser así, nos han enseñado a odiar al malo siempre y sí que hay malos aquí y Uribe siempre ha sido un niño que no aprendió a nadar y de esos hay muchos otros, él es la cara de un mal de varios casi todos imbuidos en el adoctrinamiento de las redes sociales, Netflix y Youtube, como todos, tú, yo, él, ellx, ella.
Otra prolongación de la contemporaneidad. Una necesidad de la época que se complementa con el capitalismo, con tantas cosas por Dios en realidad, que por supuesto y qué afortunada la idea de pensarse en lo extrahumano, en otras formas, en otras cosas que realmente desafíen esto que llamamos realidad porque no hay nada que sea imposible y bien lo vemos en el desarrollo del libro y más en la parte del futuro que no es tan futura: ya es una realidad, la ciencia ficción no es falsa, todo lo que ocurre es un juego, tableros de astucia naval, inteligencia del presidente de los legos, qué chimba actualidad panamericana.
Estamos en otro tiempo. Nos educan robots,
máquinas, escogemos a quién creerle, quién nos es
más útil en nuestro camino. Mc Luhan
dice que: “Hay que considerar que los
medios como extensiones del hombre
son literalmente partes del cuerpo, no
hay que pensar a los medios como objetos
o cosas con existencia independiente,
todos aquellos medios que nos rodean
son partes de nosotros, al subir a un
automóvil el auto deja de ser un auto y la
persona una persona para convertirse en
un ser unificado, una especie de cyborg
cotidiano lento,torpe y que exhala humo.
En esta situación, la calle sobre la cual circula
humano que habita al cyborg”.
Un amigo da clases por Skype y vive un año sabático en otro país. La tecnología permite simultaneidades, paralelismos y coordinaciones con otros tiempos, otros horarios, otras latitudes.
Las distancias se hacen cortas con llamadas o videollamadas por whatsapp de Turquía a Colombia, cuando hablas más con tus amigos del extranjero que con los del vecindario, qué importa quién vive al lado, pareciera que no necesitáramos del contacto, pues cada vez nos importa menos caer bien. No hay necesidad de caer bien; con que no pelee una idea con la otra, un universo con otro, todo bien, joya, fino, buena onda,rico, kawaii.
Limitamos nuestro mundo y en nuestro Facebook hacemos lo que queramos. No lo que toca, como en la vida. Ahí eliminamos a quienes nos caen mal, ni locos los tenemos de amigos y qué placer rechazarles la solicitud de amistad, qué fuerza sacarlos de la vida y que no quieran ser tu amigo.
lunes, 7 de enero de 2019
editar -y poner aquí- dos años después
Qué mejor inicio que este: “yo quiero bailar, quiero sudar, y pegarte a mí, el cuerpo rozar”. En frente mis plantas, en la ventana, las que le dan a este experimento el privilegio de inaugurar su llanto lujurioso, su derrame orgásmico, su auténtica soledad.
Estaba yo un dos de enero del año dos mil diecisiete en mi estudio musical, repasando, a petición de mis roomates, canciones que con tal palabra existieran en mi cancionero. No advertí que la mayoría serían reggaetones o de mujeres despechadas (las que más me gustan cómo me suenan). Carla Morrison, Natalia Lafourcade y -la delicia de- Mon Laferte, por ejemplo son tremendas en eso de encarnar las canciones: las sienten y eso se nota, transmiten, más allá si gustan o no.
Al hacer covers como los de las amigas del párrafo de arriba pareciera que otro saliera de mí. Agudizo mis sentidos para crear un recuerdo que encaje con la sensación hasta lograr personificarla con distintas ayudas: ex amores, aventuras e incongruencias, lo que venga. Sale de mí un ser que experimenta a solas en casa, la voz más natural fluye, más que cuando me piden que cante esas cosas que piden y tocan vagamúsicos del centro de Bogotá (qué hueso) y me rehuso, no sobrevivo por ellas, no obstante, maldita sea me las sé, me las sé y quisiera no recordarlas, no tocar por tocar, generar algo, una sensación, algo que sea buena onda y se impregne en los viajes por Transmilenio. Una alegre transgresión de la tradición nómada de la guerra que transporta a estados que ni siquiera queremos representar.
Sense8 es tan genial por eso y por otras tantísimas cosas; la realidad nuestra no es la única y en el mundo hay tantísimas realidades, efímeras, pero realidades. Qué maravilla conocer y mezclarse, querer ser otro y desconectarse del aquí macabro y fluorescente, que pinta y pronostica para el nuevo año mejores atardeceres, soledades más cómplices, placenteras, espontáneas.
Cervezas no han faltado y las rosas protagonizan las mañanas, tardes y prenoches con sus rojos, zapotes, ocres, amarillos tornasolados y blancos alucinantes en cada extremo de nuestro jardín. “Le digo hola y ella me dice good bye”. ¿Cómo me concentro? Tengo los mismos problemas de la adolescencia: me distraigo. Quiero escribir pero suena esto y muevo los hombros, las piernas y me pongo a imaginar: diablos, no hay retorno. Cuatro latas delante de mí y tres detrás. Me corrige la gramática Word, le agradezco y me echo un plon. “si yo le salgo por la izquierda se va pa’ la derecha”. Qué locura.
El caso es que quería decir que uno tiene suerte. Sí. Suerte de comenzar la mañana bañado, perfumado y con una pinta de papito rico, subir al altillo que usas como estudio musical, tomar todas las cervezas que quieras, fumar yerbas varias, untar de cosas varias las letras y así hasta la tarde, con el sol tan rico de esta temporada del año.
Y mientras estoy tocando "Alagoas" de Djavan me quedo viendo a la ventana. Es pequeña pero suficiente para transportarme a las playas del nordeste brasilero.
Aviador
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