Pese a que tengo mil cosas que hacer, no quiero hacer nada. Veo el sol y el cielo brillante y tengo tantas cosas que hacer que se me enfrían las manos, tanto que escribir que las yemas se contradicen: saltar en las teclas, gruñir por las cuerdas, mil tareas y no quiero hacer nada, veo el sol y más me deprime, quiero tomarlo, quiero inyectarme sus rayos y acabar el frío infinito de este ejercicio escritor, manos frías, no encuentro los guantes que me dio Tatiana y sé que están aquí, en este cuarto, en estos cajones, en estas letras, riéndose de mi friolenta torpeza, de mi falta de observación, tomo una siesta, pretendo con esto saciar mi pereza existencial para ya ponerme a escribir por fin. Duermo, poco, pero está todo bien en mi cama. Entra un mensaje de Yaritza y vamos al sol, empieza la vida a las cuatro de la tarde con unas cervezas en el vecindario. Qué fortuna las amistades que te sacan del palacio del enchonche.

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