jueves, 23 de mayo de 2019

Domingo 19 de mayo

Mañas mañas y mañas. Que no puedo pensar con este pelo así, que no me gusta ese copete pa ningún lado, que qué mamera todo el proceso mientras crece, que solo unos días se ve lindo, por qué se ve tan genial recién levantado, por qué por qué por qué por qué pereza este greñero, son las ocho de la noche y no me importa que mi peluquero esté mamado, no soporto ni un instante más este pelo, escribiré a ver si me atienden, no responden, me pongo la chaqueta, bajo los cinco pisos porque aún arreglan el ascensor, llego al centro comercial y ahí está Yoryi, mi peluquero. Muy apuesto, pa qué, pero nunca entiendo lo que me dice, es veneco, pero no sé de qué parte, habla muy enredado, la mayoría de cosas que le digo son cosas que imagino, que asocio, que espero sean lo que me está diciendo, qué oso decirle literalmente con cada frase: ¿qué? ¿me repites? ¿qué onda? Llevo dos años yendo al mismo sitio, pensé que sería como en Brasil que a las dos semanas ya entendía lo necesario: maconha, tranzar, gostosura, y así, pero qué va, casi me toca con señas decirle cómo quiero el corte. Y siempre acierta. 



miércoles 22 de mayo

Pese a que tengo mil cosas que hacer, no quiero hacer nada. Veo el sol y el cielo brillante y tengo tantas cosas que hacer que se me enfrían las manos, tanto que escribir que las yemas se contradicen: saltar en las teclas, gruñir por las cuerdas, mil tareas y no quiero hacer nada, veo el sol y más me deprime, quiero tomarlo, quiero inyectarme sus rayos y acabar el frío infinito de este ejercicio escritor, manos frías, no encuentro los guantes que me dio Tatiana y sé que están aquí, en este cuarto, en estos cajones, en estas letras, riéndose de mi friolenta torpeza, de mi falta de observación, tomo una siesta, pretendo con esto saciar mi pereza existencial para ya ponerme a escribir por fin. Duermo, poco, pero está todo bien en mi cama. Entra un mensaje de Yaritza y vamos al sol, empieza la vida a las cuatro de la tarde con unas cervezas en el vecindario. Qué fortuna las amistades que te sacan del palacio del enchonche.