jueves, 23 de mayo de 2019

Domingo 19 de mayo

Mañas mañas y mañas. Que no puedo pensar con este pelo así, que no me gusta ese copete pa ningún lado, que qué mamera todo el proceso mientras crece, que solo unos días se ve lindo, por qué se ve tan genial recién levantado, por qué por qué por qué por qué pereza este greñero, son las ocho de la noche y no me importa que mi peluquero esté mamado, no soporto ni un instante más este pelo, escribiré a ver si me atienden, no responden, me pongo la chaqueta, bajo los cinco pisos porque aún arreglan el ascensor, llego al centro comercial y ahí está Yoryi, mi peluquero. Muy apuesto, pa qué, pero nunca entiendo lo que me dice, es veneco, pero no sé de qué parte, habla muy enredado, la mayoría de cosas que le digo son cosas que imagino, que asocio, que espero sean lo que me está diciendo, qué oso decirle literalmente con cada frase: ¿qué? ¿me repites? ¿qué onda? Llevo dos años yendo al mismo sitio, pensé que sería como en Brasil que a las dos semanas ya entendía lo necesario: maconha, tranzar, gostosura, y así, pero qué va, casi me toca con señas decirle cómo quiero el corte. Y siempre acierta. 



miércoles 22 de mayo

Pese a que tengo mil cosas que hacer, no quiero hacer nada. Veo el sol y el cielo brillante y tengo tantas cosas que hacer que se me enfrían las manos, tanto que escribir que las yemas se contradicen: saltar en las teclas, gruñir por las cuerdas, mil tareas y no quiero hacer nada, veo el sol y más me deprime, quiero tomarlo, quiero inyectarme sus rayos y acabar el frío infinito de este ejercicio escritor, manos frías, no encuentro los guantes que me dio Tatiana y sé que están aquí, en este cuarto, en estos cajones, en estas letras, riéndose de mi friolenta torpeza, de mi falta de observación, tomo una siesta, pretendo con esto saciar mi pereza existencial para ya ponerme a escribir por fin. Duermo, poco, pero está todo bien en mi cama. Entra un mensaje de Yaritza y vamos al sol, empieza la vida a las cuatro de la tarde con unas cervezas en el vecindario. Qué fortuna las amistades que te sacan del palacio del enchonche. 

lunes, 29 de abril de 2019

Hiper tatarea

Veoun post en Facebooksobre cómo quiero que sea Colombia en el futuro y escriben “sin Uribe” y políticamente siento que sí debería ser así, nos han enseñado a odiar al malo siempre y sí que hay malos aquí y Uribe siempre ha sido un niño que no aprendió a nadar y de esos hay muchos otros, él es la cara de un mal de varios casi todos imbuidos en el adoctrinamiento de las redes sociales, Netflix y Youtube, como todos, tú, yo, él, ellx, ella. 

Otra prolongación de la contemporaneidad. Una necesidad de la época que se complementa con el capitalismo, con tantas cosas por Dios en realidad, que por supuesto y qué afortunada la idea de pensarse en lo extrahumano, en otras formas, en otras cosas que realmente desafíen esto que llamamos realidad porque no hay nada que sea imposible y bien lo vemos en el desarrollo del libro y más en la parte del futuro que no es tan futura: ya es una realidad, la ciencia ficción no es falsa, todo lo que ocurre es un juego, tableros de astucia naval, inteligencia del presidente de los legos, qué chimba actualidad panamericana. 

Estamos en otro tiempo. Nos educan robots,
máquinas, escogemos a quién creerle, quién nos es
más útil en nuestro camino. Mc Luhan
dice que: “Hay que considerar que los
medios como extensiones del hombre
son literalmente partes del cuerpo, no
hay que pensar a los medios como objetos
o cosas con existencia independiente,
todos aquellos medios que nos rodean
son partes de nosotros, al subir a un
automóvil el auto deja de ser un auto y la
persona una persona para convertirse en
un ser unificado, una especie de cyborg
cotidiano lento,torpe y que exhala humo.
En esta situación, la calle sobre la cual circula
el cyborg también es parte de los cyborgs  y del
humano que habita al cyborg”.

           



Un amigo da clases por Skype y vive un año sabático en otro país. La tecnología permite simultaneidades, paralelismos y coordinaciones con otros tiempos, otros horarios, otras latitudes. 

Las distancias se hacen cortas con llamadas o videollamadas por whatsapp de Turquía a Colombia, cuando hablas más con tus amigos del extranjero que con los del vecindario, qué importa quién vive al lado, pareciera que no necesitáramos del contacto, pues cada vez nos importa menos caer bien. No hay necesidad de caer bien; con que no pelee una idea con la otra, un universo con otro, todo bien, joya, fino, buena onda,rico, kawaii.

Limitamos nuestro mundo y en nuestro Facebook hacemos lo que queramos. No lo que toca, como en la vida. Ahí eliminamos a quienes nos caen mal, ni locos los tenemos de amigos y qué placer rechazarles la solicitud de amistad, qué fuerza sacarlos de la vida y que no quieran ser tu amigo. 









lunes, 7 de enero de 2019

editar -y poner aquí- dos años después


Qué mejor inicio que este: “yo quiero bailar, quiero sudar, y pegarte a mí, el cuerpo rozar”. En frente mis plantas, en la ventana, las que le dan a este experimento el privilegio de inaugurar su llanto lujurioso, su derrame orgásmico, su auténtica soledad. 

Estaba yo un dos de enero del año dos mil diecisiete en mi estudio musical, repasando, a petición de mis roomates, canciones que con tal palabra existieran en mi cancionero. No advertí que la mayoría serían reggaetones o de mujeres despechadas (las que más me gustan cómo me suenan). Carla Morrison, Natalia Lafourcade y -la delicia de- Mon Laferte, por ejemplo son tremendas en eso de encarnar las canciones: las sienten y eso se nota, transmiten, más allá si gustan o no. 

Al hacer covers como los de las amigas del párrafo de arriba pareciera que otro saliera de mí. Agudizo mis sentidos para crear un recuerdo que encaje con la sensación hasta lograr personificarla con distintas ayudas: ex amores, aventuras e incongruencias, lo que venga. Sale de mí un ser que experimenta a solas en casa, la voz más natural fluye, más que cuando me piden que cante esas cosas que piden y tocan vagamúsicos del centro de Bogotá (qué hueso) y me rehuso, no sobrevivo por ellas, no obstante, maldita sea me las sé, me las sé y quisiera no recordarlas, no tocar por tocar, generar algo, una sensación, algo que sea buena onda y se impregne en los viajes por Transmilenio. Una alegre transgresión de la tradición nómada de la guerra que transporta a estados que ni siquiera queremos representar. 

Sense8 es tan genial por eso y por otras tantísimas cosas; la realidad nuestra no es la única y en el mundo hay tantísimas realidades, efímeras, pero realidades. Qué maravilla conocer y mezclarse, querer ser otro y desconectarse del aquí macabro y fluorescente, que pinta y pronostica para el nuevo año mejores atardeceres, soledades más cómplices, placenteras, espontáneas. 

Cervezas no han faltado y las rosas protagonizan las mañanas, tardes y prenoches con sus rojos, zapotes, ocres, amarillos tornasolados y blancos alucinantes en cada extremo de nuestro jardín. “Le digo hola y ella me dice good bye”. ¿Cómo me concentro? Tengo los mismos problemas de la adolescencia: me distraigo. Quiero escribir pero suena esto y muevo los hombros, las piernas y me pongo a imaginar: diablos, no hay retorno. Cuatro latas delante de mí y tres detrás. Me corrige la gramática Word, le agradezco y me echo un plon. “si yo le salgo por la izquierda se va pa’ la derecha”. Qué locura.

El caso es que quería decir que uno tiene suerte. Sí. Suerte de comenzar la mañana bañado, perfumado y con una pinta de papito rico, subir al altillo que usas como estudio musical, tomar todas las cervezas que quieras, fumar yerbas varias, untar de cosas varias las letras y así hasta la tarde, con el sol tan rico de esta temporada del año.

Y mientras estoy tocando "Alagoas" de Djavan me quedo viendo a la ventana. Es pequeña pero suficiente para transportarme a las playas del nordeste brasilero. 

Aviador 

miércoles, 29 de junio de 2016

Antes de trastear…



Faltaban como quince minutos para que fueran las seis de la mañana. A causa de haberme comido un reloj cuando era niño, no dormía más luego de cierto momento de la madrugada. Cogí el libro del Deber de la desobediencia civil de Thoreau y a las siete y media de la mañana, cuando terminé de leerlo, ya no era el mismo. Llamé a mi amigo Aléxico, acordamos que estaría en su casa a las diez de la mañana. Llevábamos días hablando del trabajo, de lo que queremos hacer, de lo que somos capaces, de nuestras aptitudes. Ambos somos músicos, pero yo sobre todo tengo limitaciones en la música. Y ese no es un problema, creo que de ahí comienza mi creación. De todas formas estaba dispuesto a todo. Problemas: su guitarra se había roto y yo no había llevado la mía. Pensamos. Llamamos a su hermana y no hubo problema para que me prestara la de ella. Una vez la recogimos nos dimos cuenta que sería muy difícil llevarla sin correa. Teníamos seis mil pesos entre los dos, si la comprábamos nos quedaríamos con mil pesos… ¡imposible! Convencimos a la señora para que nos la fiara y así fue; prometimos que al atardecer pagaríamos la deuda. Caminamos por la sesenta y ocho hacia el norte y en un chance pagado todo recargamos nuestras tarjetas del sitp. Cada una con tres mil pesos. Me dio las instrucciones y nos echamos a andar.
 Esta, por supuesto, era una experiencia nueva para mí. Él era un experto; llevaba años haciéndolo; sólo cuando lo vi en escena y me vi haciendo el ridículo, supe lo teso que era lo que hacía. Subimos al primer bus. Yo me hice en la parte de atrás; él se hizo en frente y saludó a la gente. La mayoría lo ignoró, otros lo saludaron con la mirada, con su silencio, con su respeto o sonrisa. Aléxico es encantador, yo me embobaría mirándolo si se subiera al bus en el que yo voy. Yo le hice la segunda guitarra. Comenzamos con Sin Documentos de Los Rodríguez. Luego tocamos una llanera que nunca me aprendí el nombre. Sobre todo las viejitas se emocionaban con la segunda canción y terminamos con Embrujo. ¡El bus saltaba tanto y yo era tan débil! Si no nos hubieran fiado la correa tal vez serían dos las guitarras rotas. Como pude engargolé mi brazo a una de las barandas amarillas y más o menos me sujeté. Nos bajamos y subimos al siguiente sitp, luego a otro y otro. En unos fue un poco más difícil porque iban muy llenos, o yo me encontraba con personas que conocía o me olvidaba de los acordes; me distraía con todo, con las chicas, con la gente que aplaudía, con la maleta, con no caerme, con no pegarle a nadie, con el semáforo en verde, con el punteo de mi amigo. Qué difícil tocar en estos lugares donde la acústica es tan fluctuante. Tocaba tan duro que me sangraron los dedos de la mano derecha, pensé que se me caerían las uñas, que en un mes no podría volver a rasgar mis guitarras y eso que apenas era el primer día de trabajo. Recordé que en el bolsillo llevaba el pic que me había dado mi amigo y resonaron sus instrucciones en mi cabeza, especialmente cuando enfatizó en que no olvidara el pic que tenía en el bolsillo. ¡Qué diferencia! El sonido era más potente, más limpio. Aléxico sonrió y me hizo un gesto como de “te lo dije”.
Y así estuvimos, entre buses, hasta que llegamos a Pablo VI. El cielo estaba tan azul, tan brillante. Jamás había estado en esa parte de Bogotá a esa hora, con esa luz. Llegamos a una zona donde ya sólo podíamos montarnos en buses de los antiguos. Pasó uno, dos, tres y compusimos una canción que era como un corrido que decía: la tercera, la chimba, la tercera, la chimba, la chimba tercera, tercera la chimba, pero no fue el tercer bus, fue al quinto bus después de desistir de aquella misión que logramos subirnos, luego que el conductor dijera que paila, que se acababan de bajar. Aléxico le dijo que todo bien, que nos sacara de ese lugar muerto. ¿Muerto? Yo me quedaría a vivir ahí, con una sillita, mirando el cielo, tocando guitarra, con la gente que pasa por ahí… ¿por qué dices que muerto? yo me siento vivo… qué video, a veces me desconecto por completo, pero bueno, nos subimos al bus y él cantó el repertorio ya preparado y terminó con Para qué de Ana y Jaime. La gente aplaudió, nos dio dinero, teníamos la maleta pesadísima de todo el día. Afortunadamente ese bus nos dejaba cerquita a la casa de mi amigo, así que nos quedamos allí. Yo iba en el puesto de la ventana, haciéndome el que miraba todo pero no veía nada, estaba perdido en pensamientos, en cientos de conclusiones que deshacía a la siguiente cuadra, pensaba en lo difícil que me era cantar en esos espacios, que mi música más bien parecía como susurros. Ahora entendía por qué Aléxico cantaba tan duro, claro, es que en los buses no se escucha nada, toca sacar la voz no sólo del diafragma; también de las piernas, de los hombros, de la cutícula.
Llegamos a casa muertos de hambre, calentamos el almuerzo que mi madre nos envió y mientras sacábamos fotos al atardecer se nos enfrió, pero igual nos comimos hasta el último arroz. Es que nos distraíamos con facilidad, comíamos y saltábamos de libro a pensamiento, acción, a espontaneidad, a cosas que sólo viajando aprendimos, que a pocos se les comparten, que de repente parece que nadie entiende. Nos hicimos treinta mil pesos ese día, en cuatro horas de andar por la ciudad cantando de bus en bus. Qué video, la gente da más plata cuando cantan canciones de folclor colombiano, cuando son cosas que hablen de política, de lo que pasa en el país, de lo que ocurre en las calles. Hablamos que nos gustaría cantar canciones que nos gustaran,  pero luego nos imaginamos tocando las canciones de Caloncho o de Fernando Milagros, pero nos gustaría que nos acompañaran unas bailarinas de ballet clásico, que todos se pusieran a cantar, que fuera una experiencia millonaria fácil de exprimir. Pero todavía no son tan famosos mis amigos aquí como para que en los buses los conozcan… tengo que hablar con ellos para que hagamos algo al respecto, negocios frutales, suposiciones anti-locuenciales, ráfagas poscuatriculares, sonetos inolvidables. Es que en serio nosotros preferimos ganarnos la vida haciendo cosas bonitas, vendiendo frutas de nuestros árboles, las papas de nuestra tierra, las canciones que salen del alma y que son así todas buena onda, como nosotros, no como el capitalismo, no como el afán, no como lo contrario que es también un poquito de esto, de lo otro, de nosotros. No queremos enriquecer a cientos de cerotes, no queremos vendernos por un nombre, un estatus, no queremos ser recordados como irremplazables…queremos ganarnos el pan de cada día con lo que más amamos: haciendo música, escribiendo cuentos, produciendo videos y haciendo jugos de naranja, helados, ensaladas de frutas y batidos supersónicos, haciendo la música que nos gusta, la suavecita, y que te pone a ver las nubes, el pasto entre los dedos de los pies, los granos de arena en una toalla vieja.
Celebramos con un gran porro que nos esperaba en la mesa de noche y en esas  cantamos Canela en rama de El Kanka. Cuando la tuvimos, me puse mi chaqueta y me vine a casa. Entrar a mi mundo, a mis guitarras, mis instrumentos, mis malas películas, mi escritorio en el balcón. En dos días debo trastearme y no he empacado ni la primera caja. Antes de meter mi vida y sus momentos en cajas, quiero un día como más me gustan los días aquí, en mi casa. Un día como todos los días que tuve en este año viviendo solo: solo, solo con mi música, solo con la literatura, solo con mi cabeza loca loca, haciéndole el amor a estas dos paredes, a mi cocina, a mi cuarto, al balcón, al baño, al estudio, a la sagradísima ducha, responsable de mi promedio académico, posible postulada para mi tesis de pregrado. Esta casa ha sido todo y más de lo que esperaba. Aquí comencé mi carrera universitaria, conocí (otra vez) al amor de mi vida y me dejó más pronto de lo esperado; me hice uno con mi música, con los acordes, con el micrófono. Cada detalle de mi casa tiene algo de mí, horrocruxes: amo la vida que hay en los objetos y la muerte que hay en la vida: el detalle amplificado al doscientos por ciento, con full hd. La brisa, el atardecer. Siempre volver al atardecer, a ese momento en el que sé que piensas en mí, así sea un instante, como yo pienso en ti, en ella, en él, en Dios, en mis muñecas, mis hijos, mis noches. Mañana ésta ya no será la misma casa, mañana ya no será mi casa. Tendremos que olvidarnos, tendremos que dejarnos libres para que otros puedan habitarnos. Casa mía, mi amada, te dejo libre para que le des a otros todo lo que me diste a mí. Ahora siento que no puedo parar la empresa y mi familia y señora confían en mí, confían en el sueño que otra vez nos junta. Casa mía, tanto hablas de mí, querida nave, tanto sabes de mí, de nosotros, para ser exactos. Sólo tú conoces los rugidos de Angie, sólo tú sabes mis acordes, sólo tú guardas la palabra intacta en tu piel, en las fisuras, en polvo que hay en cada esquina no aspirada. Quién más que tú para narrarme, para resolver el misterio, para descifrar la desembocadura de mi canto, de las voces de mis amigos imaginarios, de los que me hacen los solos de guitarra y las percusiones, los coros, los griticos. Tantas cosas aquí vividas, ¡tantas fiestas! Desde el after con Adanowsky para los cuarenta de mi madre, hasta la vez que dejé plantado a Gepe porque estaba haciendo el ensayo final de Lógicas, pero no podía dejar de leer El elogio a la locura de Erasmo de Rotterdam…hay cosas más importantes que el deseo, hay cosas más importantes que el amor. ¡O si no que lo diga Marguerite Yourcenar! Qué necesaria me fue ella para abrirme de la enredadera elegebetecísta, de la intensidad con vacío, por vacío, en el vacío. Y no es que esté mal… me da igual de todas formas. Nihilismo, qué más da, conceptos, ficciones, simulacros. El día de hoy me enseñó tantas cosas, como que mi música no es mía, como que sin micrófono soy incapaz de cantar para alguien más además de mí, que prefiero en mi sitio, que este lugar es ahora mí lugar y que quería despedirme, quería decirle lo mucho que me hizo feliz, lo mucho que me entristeció, lo lindo que fue vivir los amaneceres y atardeces desde mi cama, no perderme ningún momento del cielo para vivir. Pobres de mis amantes que vendrán a buscarme sin saber que ya no viviré más aquí. ¿Dónde me buscarán? ¿Qué les dirán cuando griten mi nombre desde afuera y salgan mis vecinos a darles las noticias? ¿Alguien volverá? No lo sé: tal vez avisen antes de atravesar mi verja; la sorpresa ha pasado de moda. Sé que nadie vendrá esta noche, que nadie me interrumpirá en las canciones que cante. Pero debo empacar mis libros, mis juguetes y películas. Los millones de hojas, fotocopias y cuadernos de notas; mis instrumentos musicales, mis juguetes sexuales, mis camisas de cuadros, el wok, el cuchillo, mi exprimidor de naranjas, mis escritorios, mi tele, la persiana y mi cama. Mañana no habrá tiempo de cantar: lo que he de hacer tiene que ser ya. Apago las luces, voy al estudio y no veo nada. Afino la guitarra y por fin canto la canción que desde la mañana tenía en la cabeza y no pude cantar en ningún bus. Prendo el micrófono. Hago un círculo armónico con La mayor, Fa sostenido menor, Re mayor y Re siete y comienzo a cantar:


“Si alguna vez te besé más de la cuenta, 
cuando yo cuento cincuenta tú le pones veinte más 
si me casé con tus besos oxidados 
por el humo del cigarro fue porque yo soy igual 
Si me volví un adicto a hacerte compañía, 
quizá con demasía, al parecer eres mi cruz 
Aún me acuerdo todavía que decías 
que sin mí, tú no eres tú. 

Si no sé estar sin tu beso de soplillo 
sin la falta de tornillos que tú me has hecho perder 
Si no sé estar sin tu foto en el bolsillo, 
sin las yemas de mis dedos, esculpidas en tu piel 
Si no sabía hacer la O con un canuto 
cuando al fin te conocí, acariciándome la voz 
En aquel viejo instituto, en los lavabos, 
tan pequeño y tan precoz. 

Quiero ser fiel al manual de los excesos, 
besarte los besos, 
pisarte los pasos, 
llenarme los vasos de ti 
y cuando me mates, cuéntales que no fui bueno, 
que estaba muy negro por dentro 
y mi aliento alentaba a alquitrán y carmín. 

Si me he escapado ya diez veces este año 
de tus golpes y arañazos, tu tortura de carbón 
si regresé tantas veces de mi huida 
porque el daño era aún más grande con la ausencia de dolor 
Si me volví un adicto a hacerte compañía, 
cada vez que regresé para jugarme la salud 
aún me acuerdo todavía que decías 
que sin mí, tú no eres tú. 
Aún me acuerdo todavía que decías 
que sin mí, tú no eres tú. 

Quiero ser fiel al manual de los excesos, 
besarte los besos, 
pisarte los pasos, 
llenarme los vasos de ti 
y cuando me mates, cuéntales que no fui bueno, 
que estaba muy negro por dentro 
y mi aliento alentaba a alquitrán y carmín. 

Quiero ser fiel al manual de los excesos, 
me dice que debes estarte más cerca que lejos 
y cuando me mates, cuéntales que no fui bueno, 
que estaba muy negro por dentro 
y mi aliento alentaba a alquitrán y carmín. 
Si alguna vez te besé más de la cuenta, 
cuando yo cuento cincuenta, tú le pones veinte más, más, más…” [1]

Improviso: Estos son los buenos tiempos. Gracias a mi abuela por sus vallenatos, a mis vecinos por nuestra música efímera, por la poesía, por mostrarme a Dios en cada abrazo, en los condimentos que usan, en el verbo hecho carne. Gracias a los colibríes, a los viajeros que vinieron y se fueron, a los que sólo querían nadar por la fugacidad. Al Señor Barriga por arrendarme esta pequeña sucursal del cielo en la montaña y devolverme el depósito; gracias a las naranjas, a Juguitos y Folk, a La Supersónica, a los amigos y las metamorfosis que aquí se bailaron.
 Vuelvo a hacer el mismo círculo del principio de la canción y cuando termino apago el micrófono. Escucho lo que acabo de grabar. Luego de estirarme y sentirme feliz de la canción lograda, cojo la maleta café y empiezo a empacar las películas…

Aviador








[1] Alquitrán y Carmín  - El Niño De La Hipoteca 

martes, 12 de abril de 2016

Canciones de amigos: Hoy es el día, de Carlos Sadness

El sonido dando clic en esta oración

¿Cómo tocar en guitarra esta canción? dando clic aquí

Seguramente por la mañana
cuando despiertes no quede nada
un día más entrará por la puerta
y yo me habré ido por la ventana
sólo te pido que cierres los ojos que yo quiero ver como bailas
vamos a ver cuánto resiste un corazón hecho de porcelana
días que vuelan
noches en vela
sueños que olvidarás cuando amanezca
voy a colarme aunque cierres la puerta
hoy te has dejado las llaves puestas
laaaaaa
lara lara
lara raaaaa
lara lara la la ra
la ra laaa
hoy es el día
hoy es el día
hoy es el día
hoy hoy es es
hoy es el día
hoy es el día
hoy es el día
hoy hoy es es
tendría algo que ver contigo
esa lluvia de estrellas que cayó por el camino
el día que estuvimos
a punto de perdernos
dejaron de girar los planetas
nos miraba el universo
y sabía
que todo era distinto
que no le hicimos caso a las señales del destino
cantándole a la lluvia
bailando como indios
sabemos que es el día en que comienza el infinito
laaaaaa
lara lara
lara raaaaa
lara lara la la ra
la ra laaa
hoy es el día
hoy es el día
hoy es el día
hoy hoy es es
hoy es el día
hoy es el día
hoy es el día
hoy hoy es es



martes, 2 de febrero de 2016

Homenaje a Raúl Gómez Jattin


Un corazón de mango del Sinú 

Clic "aquí" para que suene la música


Yo tengo para ti, mi buen amigo
yo tengo para ti, mi buen amigo
un corazón de mango del Sinú
un corazón, corazón
yo tengo para ti, mi buen amigo
yo tengo para ti, mi buen amigo
un corazón de mano del Sinú
un corazón de mango del Sinú
no no no te encuentres conmigo
por eso no no no no te encuentres conmigo
porque yo yo yo
porque yo
puedo desaparecer
yo tengo para ti, mi buen amigo
yo tengo para ti, mi buen amigo
un corazón de mango del Sinú
un corazón, corazón
un consejo yo te doy
no te encuentres conmigo
un consejo yo te doy
no te encuentres conmigo
no no no no no
unas manos asesinas
pobre corazón
unas manos asesinas
.....
y de ángeles
no no no no no
no no no no
no no no no no
no te encuentres conmigo
no me busques en la esquina
ya no quiero ser tu amigo
yo solo quiero desaparecer
desaparecer
mi corazón es de mango
mi corazón es de mango del Sinú
mi corazón es de mango
mi corazón es de mango del Sinú


Efímero o Botón de Oro
Voz: Ángela
Percusión: Emmanuel
Guitarra: Aviador